Hoy estoy henchida (o hinchada ja, ja, ja) de orgullo materno. Mis hijos están cada vez más hermosos y me llenan de orgullo. Y aunque son muy parecidos en ciertas cosas, también son muy distintos.

Bastian, por ejemplo, no puede dormirse sin abrazar a su Pocoyó (que le regaló la tía Diana)

Photobucket

mientras que Fabio en cuanto se duerme ya no se entera de nada a menos que se le caiga el chupete.

Bastian adora que le hagan fotos pero, Fabio no siente cómodo con ellas y es como su padre… Sólo se deja hacer fotos cuando está de humor para ello.

Photobucket

A Bastian había que despertarlo para que comiera y mientras comía, y aun ahora hay que pelear con él para que coma. Fabio en cambio se duerme sólo cuando tiene la pancita llena y pobres de nosotros si tardamos unos minutos en darle la comida.

Bastian jamás pudo dormir en la cuna y Fabio duerme tranquilamente en ella. Podría seguir así por horas pero, creo que en realidad, lo que importa es que no importa que tan parecidos o distintos sean. Amo a mis hijos y sobre todo a David por darme la oportunidad de traer al mundo a estos dos pedacitos de cielo.

Advertisement