Hoy estoy henchida (o hinchada ja, ja, ja) de orgullo materno. Mis hijos están cada vez más hermosos y me llenan de orgullo. Y aunque son muy parecidos en ciertas cosas, también son muy distintos.
Bastian, por ejemplo, no puede dormirse sin abrazar a su Pocoyó (que le regaló la tía Diana)
mientras que Fabio en cuanto se duerme ya no se entera de nada a menos que se le caiga el chupete.
Bastian adora que le hagan fotos pero, Fabio no siente cómodo con ellas y es como su padre… Sólo se deja hacer fotos cuando está de humor para ello.
A Bastian había que despertarlo para que comiera y mientras comía, y aun ahora hay que pelear con él para que coma. Fabio en cambio se duerme sólo cuando tiene la pancita llena y pobres de nosotros si tardamos unos minutos en darle la comida.
Bastian jamás pudo dormir en la cuna y Fabio duerme tranquilamente en ella. Podría seguir así por horas pero, creo que en realidad, lo que importa es que no importa que tan parecidos o distintos sean. Amo a mis hijos y sobre todo a David por darme la oportunidad de traer al mundo a estos dos pedacitos de cielo.


junio 30, 2008 at 3:41 am
bebes! lo maximo…yo tambien quiero otro…. buuuuu (claro, previo padre disponible
en serio…)